Cortesía que no osadía es venir a Paterna a prologar un libro de su ilustre hijo Rafael Alfonso, cuando deberíamos, por nuestra parte, llegar con la tarjeta de la propia presentación: vaya ésta por delante, pues, abriendo el Boletín de Información Municipal de 1973, en su número dos, donde hallará quien leyere el artículo Recuerdos cerámicos.
Otros vienen aquí, ahora, por la también invitación de D. Vicente Mortes Alfonso, a abrir este libro de quien fué durante tantos años alma de su villa, de su pueblo, ejerciendo desde la Escuela un magisterio cuyos frutos a la vista están en las generaciones que pasaron por aquella y, en la Administración, en la propia contemplación de cuanto dejó al servicio de sus conciudadanos.
Se halla entre estos servicios uno sacado de las entrañas de la misma tierra nativa, de las excavaciones de sus famosos testars, tarea que admira ver como pudo llevarla a cabo en medio de tantos y tan trabajosos esfuerzos en la obra docente y de gobernación.
Aquí hay otra obra que para introducirnos en ella acudimos también, como en 1973, a los recuerdos de medio siglo antes, cuando salíamos de las aulas de la entonces llamada Universidad Central, habiendo seguido las enseñanzas de D. Manuel Gómez-Moreno en su Cátedra de Arqueología; referíanse a Paterna y Manises, las que separadas por lo riu de Guadalaviar, así se decía en lo medieval, llevaron vidas paralelas; poco más o menos, aprendíamos: Manises es cultivador de la cerámica de reflejo dorado nacida en Málaga; ha sufrido una transformación estilística en elementos heráldicos de manera extraordinaria; el uso exclusivo del dorado fué precedido de un período en que se usó el azul. Paterna daba una pintura cerámica que no conocíamos; hace pocos años en los testares donde se acumulaban restos mediocres y rotos, se hicieron excavaciones encontrándose ejemplares de verde y morado; se formó un taller para recomponer estas piezas en Valencia; el Museo de Barcelona adquirió lo principal.
En Paterna -seguimos leyendo nuestros amarillentos apuntes- con las figuras de verde y morado resultó un arte del XIV, gracioso y relacionado con el de las techumbres; en centros de producción industrial ya hablase entronizado esta tendencia trececentista. A la loza dorada se la llamo malacitana y también en italiano, por ir en naves de Mallorca a aquellas regiones, mayólica, pues a la península itálica y sus islas arribaban azulejos y vasijas paternero-moriscas o cristianas, mientras, como reflujo artístico, llegaban aires sieneses y florentinos a la pintura que daría el magnífico retablo de Liria, origen del arte valenciano -como recordaría D. Elías Tormo en su vecina cátedra de Historia de Arte-, ecos sieneses y florentinos, sí, pues ya en el XIV los influjos de aquellas repúblicas eran manifiestos, tal lo acreditan las escenas de San Vicente y San Esteban.
En el fondo, techumbres y cerámica eran producto de largas tradiciones, porque cuando se contemplan las botellas de califales de barro vidriado, se ve su prolongación en lo almorávide y por este su paso a lo almohade y paternero, sin solución de continuidad; Alí ben Yusuf (H. 500-537; J. C. 1106-1143), era hijo de una esclava cristiana. Una treintena de años después moría nuestro Mohamed ben caad ben Mardanish, el famoso rey Lobo o Llop (H. 542-567; J. C. 1147-1172), cuyo alcázar valenciano vería Jaime I y dispondría de él, a su gusto; soberano aquel cuyos dinares, sus morabatinos lopinos, ganaban amistades internacionales y contenían fronteras, terrestres o marítimas; ya entonces, existían los alfares paterneros.
Gemela de la pintura cerámica era la de techumbres, de artesa, de pastera, por su forma, cual la del Salvador, de Morvedre (Sagunto), de la que sólo quedan algunos restos, suficientes para comprobar paralelismos, cual la roseta (fig. 53) inscrita en octógono, de dos cuadrados girados respecto de su eje, sin que tales obras de carpintería valenciana trececentista llegaran a lo geométrico granadino coetáneo. Si se necesitaran pruebas arqueológicas de las influencias o de los paralelismos decorativos entre platos paterneros y tableros de techumbres, bastaría comparar la figura número 71 del estudio de Rafael Alfonso con los restos del artesonado saguntino que dimos en 1926 en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, pero la historia -aún por hacer- de la carpintería mudéjar valenciana no será fácil por las destrucciones habidas, no obstante, posible; en fin de cuentas, volviendo a aquellos motivos, gemelos eran los temas de Paterna de los azulejos de las fuentes nazaríes, a base de polígonos estrellados, que pasaban del cuadrado al octógono, cuyas puntas prolongadas, allí no aquí, darían estrellas bisectoras, como en artesonados castellanos que acreditaron carpinterías de bellos casetones probando que, al cabo de los siglos, aquella laqueria pliniana se practicaba con éxito en nuestra península. Vale la pena que con el tesón de Rafael Alfonso en sus testars paterneros, alguien acometa el estudio total de las techumbres mudéjares, perdidas o existentes, para que, paralelos a las turolenses de Silos y aún a lo granadino, salvando distancias y diferencias, no falte este capítulo en la historia de la carpintería valenciana.
Del libro de Rafael Alfonso pueden sacarse ahora múltiples enseñanzas; luego de aquellos años veinte, de las que recibimos, vendrían grandes aportaciones arqueológicas y documentales, de archivos, hasta llegar a la obra, monumental, de González Martí, Rafael Alfonso lo aprovechó todo y ahí está en sus notas bibliográficas; pero la investigación archivística ni ha sido exhaustiva -él no se dedicó a ella- ni puede serlo, cuando hay centenares y centenares de protocolos notariales en Valencia aún por abrir; él acudió a otros archivos, los subterráneos de los testars, los que removió hasta agotarlos, algunos al menos, y ésta es la documentación, inédita, que aporta.
Mucho se sabe de Paterna, desde 1237 en que, ya antes de ser ganada la ciudad de Valencia fué señorío de los Luna; Artal de Luna lo era de Manises y de Paterna, donde en 1257, por ejemplo, percibía sus frutos, cuando ya había una parte de población cristiana, con parroquia, que venía a compartir trabajos y técnicas cerámicas de la islámica aprendidas; Robert Ignatius Burns, SJ., nos ha hecho ver nuevos aspectos de lo que fué aquella convivencia.
Que la obra paternera era muy anterior lo acreditan textos y tiestos; Rafael Alfonso ha dedicado principalmente este trabajo -él no pensó que pudiera ser editado- a los siglos XIV y XV; pero atisbó sus lejanos antecedentes. Alguna vez atendimos el tema y hallamos confirma de la presencia en la Plaza de I'Almoyna de Valencia, de tiestos verdes y morados; tal en Al-Andalus de 1951. Y los textos que trae Burns, son elocuentes; junto a los tiestos, Fori Antiqui y Furs, -éstos arromancats de aquéllos, por el mismo rey o por sus colaboradores- traen pitchers -con ch, sí-; cómo se ordenaban las ventas de obra de barro, según se hacía en tiempos de sarracenos, venundantur cántarique tempore sarracenorum y el Libre deis feyts, la copia populetana del XIV, dice que el Rey Don Jaime ratificaba, respecto deis sarrains, "lur ley e totes les costums que havien en temps de sarraíns en Paterna, Bétera y Buula", y ordenaba que "fossen jutjats a costum de sarrains e que no fossen forcats pernegun chrestiá, mas que els sarraíns los jutjessen segon que era usat en temps de Miramamolí".
El texto no tiene desperdicio; el Rey Don Jaume, -así se le llamó siempre en el Reino-, no se refería a sus inmediatos antecesores muslimes, dueños de éste, sino al califa almohade Abdelmúmen (H. 524-558; J.C. 1130-1163) que en sus doblas se intitulaba Abu Mohamed Abd AImumen ben Alí Amir Almuminin; era el Miramamolí, en su forma valenciana, a quien seguirían Yusuf I (H. 558-580; J.C. 1163-1184); Yacub (H. 580-595; J.C. 1184-1199); Mohamed (H. 595-610; J.C. 1199-1213); Yusuf II (H. 610-620; J.C. 1213-1224); Yahía (H. 624-633; J.C. 12271236); Idris I (H. 624-630; J.C. 1227-1232), y Abdeluáhid II (H. 630-640; J.C. 1232-1242) quien contemplaría, de lejos, claro está, la pérdida de una de las más ricas ciudades de su antiguo imperio, la de Valencia.
La cristianización no detuvo el desarrollo artístico, antes al contrario; de Paterna salían, siguiendo la tradición almohade, cánters y gerres en abundancia, los que servían ya para las construcciones de las nuevas iglesias, San Juan del Hospital, la Catedral, las del XIII, para rellenar sus carcanyols, los senos de sus bóvedas, como materiales ligeros, de soporte; Rafael Alfonso lo señala y es ahora cuando, restauradas, podemos contemplar un mudejarismo valenciano de piedra y ladrillo, mientras en Aragón era sólo ladrillo y en Cataluña piedra; porque las rajoles, taulells ó teules, tejas planas, que ésto eran los socarrats, de tradición romana, no se olvide, en cuanto a la forma, tanto sirvieron para enterramientos de moros como para cubrir techumbres de casas de cristianos; al lado estaba Quart de Poblet, con su latinidad, su romanismo y en frente Manises, para recibir formas decorativas.
De los testars de Paterna, ha sacado Rafael Alfonso marrells y rodells, carrells y obra aspra, o pintada, la de sus hornos, cuando trabajaban mestres d'obra de terra, moros o cristianos, en el XIV, Muhammed; Iben Mari, Saad Hasan, Umar Husni, y tantos otros, junto a un Pere Pascual -repárese en este nombre- el del Obispo de Jaén martir en Granada en 1300.
Reinaba allí Mohamad II ben Mohamad I (H. 671-701; J.C. 1272-1311) ésto es, Abu-Abdallah Muhammad al-Fagih ibn Muhammad; Pedro Pascual, de la reciente Orden de la Merced había sido llevado ante su presencia desde Jaén; se hallaba cautivo en las mazmorras de las Torres Bermejas; había atendido a los cristianos cautivos tambien; Bonifacio VIII (1276-1297) lo había nombrado obispo de Jaén en 1296.
No es baladí traer remembranzas granadinas, un tanto olvidadas, pues que el paso de moros desde Valencia a Granada era frecuente; unas veces autorizado, otras clandestino, ya por tierra, ya por mar; los documentos nos hablan de naves que iban o venían de Máligua, Málaga; así como cuando se quebraba la paz, Valencia acudía con sus medios económicos -tal su Obispo y clero en tiempos de Alfonso el Benigno (1327-1336)- a ayudar a la medida extrema tomada por el rey ante los ataques granadinos. Los intentos de evangelización more pacífico están acreditados por el mismo San Pedro Pascual, por los franciscanos que en 1394 fueron martirizados reinando Yusuf II y por la misma presencia de Fray Vicente Ferrer, que había llegado a convertir al rey moro de Graná, aunque hubiera de salir de aquel reino, como recuerda un dicho popular Milacre.
Ya, hacía 1364 van equiparados, en número, moros y cristianos, Gil, Martínez, Sanxo, Guillem, Salvador, Despont, son nombres o apellidos que constituyen la onomástica paternera de mil trescientos; unos y otros hacían socarrats, gerres, cánters, cocis, rajoles, Ilibrells, la llamada obra aspra, tan viva a principios de este siglo, pues aún resuena en nuestros oídos aquel pregón de apanyar cócis y Ilibrells en los pueblos de Paterna cercanos y en las mismas calles de Valencia.
El temprano señorío del aragonés Artal de Luna se atestigua en el menguante pintado con valor heráldico (fig. 57), lo que es prueba de la anterioridad de las alfarerías paterneras a la conquista de Don Jaime; era una tradición prejaimina, sin duda alguna; y cuando hubo que representar al pueblo, a la vila, se pintó su torre, en cuya puerta la llamada mano de Fátima, la simbólica, que sería sustituída en la misma puerta por marcas semejantes a las de los canteros cristianos, o tal vez mudéjares, de los nuevos templos, de base triangular o cruciforme, que se ven en las tablas que publica, a las que podría añadirse las dadas, en 1926, del Salvador, de Morvedre.
No es baladí, decíamos, recordar relaciones valentinogranadinas, como cuando en 1418 el Baile de Valencia Berenguer Mercader ajustaba los preliminares de paz entre el Rey de Aragón y el de Granada, ésto es, Alfonso el Magnánimo y el trenzeno de Granada llamado Jucef, respectivamente; y el mismo Alfonso III de Valencia, mandaba acuñar en 1428 en la Seca de ésta, la mismísima moneda de plata del rey nazarí, per algunes coses concernents a honor e servey nostre, les quals no curam ací explicar.
Cuando todo esto ocurría, en Paterna se firmaban los contratos de los magistri operis terre de Bernardus y Sanxius, Alcudori, el primero campsor, canviador, el se gundo cucreiro, sucrer, como se ve las relaciones que trae Rafael Alfonso.
El estudio de las carpinterías se vería muy favorecido por los que llevó a cabo en Al-Andalus el recordado historiador del arte hispanomusulman Leopoldo Torres Balbás: guardapolvos de balcones y de puertas; artesonados, muebles; bóvedas cuyos lazos conociera Leonardo da Vinci (1452-1519) que residió desde 1482 en la corte de Ludovico el Moro, de Milán, en cuyos dibujos, de la Biblioteca Ambrosiana, pueden verse los mismos lazos de las hispanomoriscas; años después Enrique Egas trazaría el tramo central del crucero de la Seo de Zaragoza, que inspiró los de Teruel y Tarazona.
Tema no desdeñable, en modo alguno, el geométrico, de los taulellets o rajoletes, de la rodeta -aquí los castillos y fuegos de artificio- interpretados con el azul, el color nuevo en Paterna, tras el más antiguo verde y morado; el autor ha señalado, con los testars a la vista, esta fase de la cerámica paternera, que llegaría desde los tipos góticos del XIII -había llegado el cobalto de Egipto- hasta las águilas imperiales del XVI, y estos cuadraditos, cual olambrillas, para composiciones con alfardons -azafatesde base exagonal y sin esmalte, barro cocido, en solerías que reconocían el exágono por base del sistema de lazo, sin llegar, como se dijo, a lo granadino de los aliceres y alicatadas de la Alhambra.
Gran acierto del autor reivindicar para la torre su procedencia anterior a la conquista, tan azulada en las pinturas de los testares, color éste básico en las decoraciones de arquitecturas que perduraría en cenefas recuadrando paramentos de muros o bordeando perfiles de bóvedas y arcos de escalera, hasta bien entrado el siglo XVIII.
El capítulo dedicado a la heráldica es concluyente y todo dentro de la brevedad; porque este libro de Rafael Alfonso está escrito more scholástico, con apartados, puntos, conclusiones, resultados, es como si se hubiera formulado un gran silogismo histórico, un principio que nos atreveríamos a exponer así: los testars paterneros son a la historia del arte lo que los documentos de archivo a la diplomática; y aquí sí que no caben interpretaciones, literaturas, o exposiciones largas; los documentos de archivo que otros hallaron llegan en el libro hasta el año 1500; obsérvese en aquéllos el desarrollo de la época del Magnánimo, el eco en el Nápoles alfonsino y en la Roma de Rodrigo de Borja, y tantas cosas más, como ocurría en su vecino Manises.
Parece llegado el momento de terminar, no sea que el lector pierda tiempo a la entrada de este museo que es el libro de Rafael Alfonso. Pero se goza tanto en su lectura y aprovechamiento que tampoco pareció oportuno entrar apresuradamente en aquél; la contemplación de su parte gráfica da múltiples ocasiones de interpretar escudos, signos, marcas, reveladores de señoríos, en platos escudelles, azules; algunas figuras comparadas oportunamente con marcas de agua o de papel, en estos molinos.
Y otro aspecto digno de recordar es la fabricación de piletes d'aigua beneída (fig. 137), tan emotivamente comentada por el autor; unas consideraciones suyas sobre la fauna representada, conejos, liebres, jabalíes, cerdos, y otros animales, tanto en los socarrats como en la loza, brindan, todavía, más observaciones; unos eran, el ciervo, de puro orientalismo pero también cristiano; otros el cunill, ó conill, el de corral, el casero, el del arroc, guisado en la paella o en la casola, el de cada día o, al menos, el de cada fiesta; en fin toda una vida cotidiana, en estos pueblos de la huerta o del secano, cada vez más alejados de sus propios recuerdos y que acabarían carentes de personalidad, si libros como éste que hemos tenido el honor -la honra, se dice, sin galicismo- de comentar, no contribuyeran a afianzarlos en su pasado, para que se presenten, con su propia tarjeta personal, en el concierto de los pueblos de España.